En un principio voló a baja altura. Sus alas todavía estaban dormidas, casi sin experiencia. Le dolía dejar atrás su antigua vida llena de comodidades en el corral de la granja.
A medida que pasaba el tiempo, volaba cada vez un poco más alto. Su espíritu estaba ávido de lo desconocido. Temía lo que iba a encontrar allá arriba.
A medida que subía, se embriagaba mas con la altura, con la velocidad, era una sensación desconocida para ella, era la LIBERTAD. Tal era su emoción, que casi sin darse cuenta, los vientos y las tormentas la zarandearon y la dirigieron hacia otros rumbos. Y ella se dejo llevar.
Volaba sin rumbo fijo, durante los días y las noches.
Por fin un día se sintió agotada y se dio cuenta que volaba sobre un tranquilo camino de tierra. En una posada se encontró con dos carretas que descansaban. Decidió posar sobre el tejado y escucho como dialogaban:
- ¿a dónde vas?
- No lo se
- ¿y de dónde vienes?
- Tampoco lo se
- ¿pero al menos sabes donde estas?
- No, tampoco lo se
- ¿y sabes quién te guía y cuál es tu destino?
- ¡NO! Exclamo ya molesta la carreta, y le pregunto a su compañera ¿acaso no sabes que los vientos son los que guían nuestro camino?
Cansada de escuchar esta conversación, el águila siguió su camino. Había comprendido que ella también se había dejado manipular por la situación y por los dictados de los vientos. Había dejado su facultad de controlar su destino.
Y una vez más reconoció que no debía permanecer pasiva. Una vez más decidió enfrentar y desafiar a la vida.
Y volvió a emprender su vuelo con mayor seguridad.
Y tú, ¿diriges tu propia vida? ¿O son los vientos los que deciden por ti?
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