lunes, 17 de junio de 2013

El águila y su decisión

Una mañana, un granjero que hacia su recorrida diaria por el valle que se encontraba al pie de una imponente montaña, encontró algo que lo hizo permanecer inmóvil admirándolo, era un huevo, pero un huevo distinto a los que conocía. Lo levanto con cautela, lo observo y se dijo:


“¡el huevo de un águila! 

Y se apresuro a ponerlo a salvo.

Las aves de corral lo recibieron con alegría. Gritaban:

“¡algo nuevo! ¡Algo nuevo! ¡Es mío!...

Y se peleaban por empollarlo.

Una mañana, al salir el sol, nació un lindo aguilucho, con todas las facultades y características para realizarse: para ser feliz.

Y…con el tiempo creció.

Conforme a su naturaleza, se fue convirtiendo en una preciosa águila. Recibió atención y protección. Aparentemente nada le faltaba.

El águila se adapto: pensaba, comía, se acurrucaba y dormía a la misma hora que todas sus compañeras.

No conocía más allá de los huecos y puertas del corral. Solo conocía el corral.

Pero había algo que la inquietaba: el lugar era muy chico, monótono y aburrido. Sentía una profunda soledad.

Un día, comenzó a no estar de acuerdo con el espíritu y actitud de las aves de corral.

Y como era de esperar, comenzaron los problemas. 

El granjero desde hacia tiempo las observaba. Y llego el momento en que decidió sacar al águila del corral.

Con deseo de ayudarla, la tomo entre sus manos y le dijo:

¡Tú eres un águila! Naciste con características propis que dan valor a tu ser. Tu, águila, no permitas que te absorba el ambiente. La naturaleza te ha concedido facultades que te permiten volar en las alturas. ¡Ser única! Ver más allá del valle y afrontar con decisión y agresividad las adversidades de la vida. ¡Sal de tu situación! ¡Remonta tu vuelo! ¡Has nacido para ser libre!

El águila escuchaba en silencio y sorprendida. Miro y sonrió al granjero. Bajo la cabeza, volvió al corral y busco su comida.

Esa noche despertó. Era como si todo hubiera sido un sueño. Empezaron a surgir dentro de ella fuertes inquietudes, y a medida que surgían, estas eran cada vez mas profundas.

Por primera vez se dio cuenta que era distinta a las demás aves del corral. Le dolió mucho, pero finalmente reconoció que hasta ese momento había vivido en estado de esclavitud. Y se pregunto cómo había perdido su libertad.

Poco a poco empezó a entender la razón de su esclavitud. Comprendió como había llegado a esas horas de pasividad, de adaptación, como había cambiado sus oportunidades y sus valores por la seguridad momentánea del corral, como había llegado a esa actitud de dependencia, como había eludido responderse a sí misma, a afrontar la vida y a comprometerse.

En su rostro se empezó a notar la desesperación y la angustia, ¡era más pesada su esclavitud que su libertad!

Y por fin grito

“¿Por qué seguir esperando? Debo empezar a decidir y a actuar por mí misma, a dar mayor valor a mi existencia”

Por fin había comprendido la necesidad de COMPROMETERSE A VIVIR

Y al comprenderlo sintió que volvía a nacer. Y cambio la expresión de su rostro: estaba vez reflejaba esperanza, entusiasmo y alegría.

Y decidió que esta era su momento, era su oportunidad de salir de su situación. Pero acepto que le faltaba valor para actuar.

Pero como algo mágico, escucho una voz que le gritaba

¡Águila inténtalo! ¡Sal a la búsqueda!

Al amanecer adquirió valor y decidió intentarlo. Majestuosa y digna, levanto la cabeza, sacudió su bello plumaje y emprendió su vuelo lentamente hacia las alturas.

En nuestras vidas cotidianas siempre nos encontramos con una montaña que nos invita a volar hacia la altura. Entre las tormentas y los vientos, siempre se encuentra la montaña, símbolo desafiante de la vida. Llena de belleza y de contrastes, imponente y digna, nos induce a la decisión, al riesgo, a la acción.

Y al pie de toda montaña siempre se encuentra un valle; tranquilo, seguro, sin inquietudes.

Sin embargo, la naturaleza domina en el valle y en la montaña. Y con vigor y energía nos invita al desafío, al crecimiento, a la realización: a una mayor afirmación de cada uno de nosotros con su propia existencia.

¿Y tú que eres? ¿Un águila capaz de volar en las alturas? ¿O un ave de corral?


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